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18 de abril de 2012















 Yo sé que mi Redentor vive…
Y mis ojos lo verán, y no otro.
        
(Job 19:25-27.
)

Esta es una historia de dos personas que tenian un gran constrate al momento de morir, el primero tenia la fiel esperanza que iba a ver a su Salvador, mientras el segundo tenia una triste incertidumbre de que iba a pasar despues de su muerte. Aqui les presento este relato extraido del sitio web amen-amen, muy reveladora e impactante. Aqui les dejo , Dios es FIEL !!!!!

A principios del siglo 19 mucha gente pensaba que los hotentotes, pueblo nómada de Sudáfrica, estaban tan atrasados que nunca se les podría enseñar los elementos del cristianismo. Pero gracias al trabajo de algunos misioneros, muchos aprendieron a leer, y sus hijos crecieron bajo la influencia de la Biblia.
 
Muchos años después, dos misioneros visitaron a un jefe hotentote ciego, de unos 90 años. Estaba sentado en el suelo de su choza, y cuando supo quiénes eran, tomó sus manos entre las suyas y dio gracias a Dios por su ­visita. «Dentro de poco formaré parte de este polvo, dijo tomando un poco en su mano, pero veré a Dios. Estoy ciego, nunca más volveré a ver la luz del día, pero veré a Jesús a la diestra de Dios, preparado para recibir mi alma».

 Lo que dijo el jefe de la tribu forma un extraño contraste con las reflexiones melancólicas del emperador romano Trajano (53-117 d. C.), poco antes de su muerte: «Esta cabeza no llevará nunca más la corona, estos oídos nunca más quedarán encantados por la música, ni estos ojos por los más bellos espectáculos; y mi alma… alma mía, ¿Qué será de ti?».

De este modo se confirma esta frase del Señor Jesús: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” (Mateo 11:25).
 
Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido” (1 Corintios 13:12).  

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